Sudamérica, inundado en esperanza.

Durante el 2019 Sudamérica fue colapsada por duros acontecimientos políticos y sociales que levantan masas, enfrentaron posturas ideológicas, golpeó algunos sectores clave de la economía y, hasta dejaron muertos. Y ahora el 2020 nos recibe con una crisis sanitaria y económica pocas veces vista por la historia. Es por ello que no es de extrañarse que en la mayoría de las casas retumbe el debate de: “lo que va a pasar después del coronavirus”.

Bolivia presenció un momento histórico en el que Morales se ve obligado a dejar el poder. En Argentina Alberto Fernández, aliado con CFK (líder del kirchnerismo) trae a la izquierda de nuevo a la casa rosada. Chile sufre el levantamiento de un pueblo cansado de un extremo libre mercado que hasta ese momento había sido catalogado de “exitoso”. Brasil vivía tiempos convulsos en cuanto a la inocencia o culpabilidad del líder obrero Lula Da Silva mientras sobrellevaba el mandato de la extrema derecha de Jair Bolsonaro. Venezuela cada vez más al fondo de la pobreza. Ecuador sufría enfrentamientos agrarios, policía extremando recursos y militares en las calles. Y Colombia, Perú, Paraguay y Uruguay con lo propio.

En este sector de América siempre fue más complicado de lo normal alcanzar ese casi mito del que tanto se habla; la preciada: “Estabilidad política”. Sin embargo los tiempos previos al Covid 19 fueron hasta más complicados de lo normal, haciendo parecer aquella anhelada estabilidad no solamente lejana, si no también imposible o utópica. La pobreza, el hambre, la desnutrición, la falta de oportunidades, educación, salud, trabajo y gente muriendo por deficiencias estatales son el pan de cada día de un pueblo innegablemente sufrido.

El Coronavirus no llegó al mundo en un momento propicio, de hecho probablemente nunca sea un momento propicio para un pandemia, a menos que seas extremista o conspiracional y pienses en una enfermedad como arma biológica para reducir la población, rejuvenecer el medio ambiente y destrabar tensiones políticas. Pero en medio de cambios radicales, la llegada de una pandemia mundial puede mostrarnos realidades que en otras circunstancias no lo serían tanto. Por ejemplo: Tanto detractores como adeptos sabíamos que Jair Bolsonaro es poco ortodoxo, pero ¿hubiese tenido tanta gente en contra como hoy sin la pandemia?. O en otro caso ¿Los nuevos gobernantes Lacalle Pou en Uruguay y Fernández en Argentina hubieran realizado una mejor labor en una cotidianidad “normal”? Preguntas imposibles de responder de forma objetiva, pero que en unos años escucharemos constantemente en debates presidenciales. 

Visto con ojo político crítico es cierto que como presidentes todos deberían estar preparados para cualquier inconveniente, pero dejando de lado los ideales, los extremismos y, acercándonos más a lo humano ¿Quién está preparado para enfrentar una pandemia mundial? Probablemente nadie. Lo que no quita la responsabilidad de los gobiernos de hacer todo lo mejor para hacerla frente y luchar por evitar la muertes de miles de personas. Respecto a esto, los presidentes Jair Bolsonaro, Lenin Moreno e Incluso Alberto Fernández estuvieron en boca de todos y no precisamente por sus buenas acciones en la lucha contra el Coronavirus. Aunque en el caso de Fernández logró reponer su imagen por el camino tomando medidas efectivas y del agrado de una parcialidad importante del pueblo argentino. 

La gran recesión del 2008 dejó una pérdida promedio de capital tremendamente duro a nivel mundial, lo más probable es que las cifras de ese año se multipliquen por 5 o 6 según expertos al culminar al menos parcialmente la pandemia. Lo que significa que la mayoría, por no decir todos los presidentes (sobre todo los recién electos) no podrán cumplir con sus promesas de campaña y, aunque sea algo a lo que ya estamos acostumbrados está vez tendrán a su merced una excusa que desde muchos puntos de vista será bastante válida. 

La crisis sanitaria y económica podrá sepultar eternamente a líderes políticos excelentes y, a su vez puede dar también una maravillosa segunda oportunidad a líderes políticos nefastos, sobre todo si estos si adaptan a los cambios que se vienen.. 

Sumando a esto el hecho de que la tecnología cada vez gana más espacio y, el marketing y la comunicación política son cada vez más importantes en una campaña que las mismas propuestas. Podemos concluir que luego de esta crisis los futuros candidatos se jugarán muchísimo a las formas de comunicar, a la información que den y, sobre todo a la imagen que tengan y transmitan. Los próximos candidatos se encontrarán con un electorado aún muy asustado, con miedo a las crisis, ya sean sanitarias, económicas, naturales o bélicas. Los pueblos a nivel mundial, pero sobre todo en Sudamérica (dados los antecedentes) buscarán candidatos que relajen su miedo, candidatos que le den calma, seguridad y bienestar. Los candidatos con arquetipos vengadores, guerreros, lejanos al pueblo o, extremadamente agresivos probablemente no tenderán a ser los más buscados por un electorado que busque estabilidad.

No es seguro, ni hay razón para hacer un análisis moral de si está bien o mal, si los que vienen serán mejores o peores, honestos o corruptos, ni tampoco de izquierda o de derecha. Pero lo que si es seguro es que la pandemia dejará a Sudamérica la posibilidad de tener el mayor cambio generacional en política de toda su historia. 

Sudamérica se caracterizó siempre por ser un pueblo luchador e inundado de esperanza, o como dice el rey del rap, Residente, en una de sus más famosas obras, en ese caso haciendo referencia a todo Latinoamérica: “Un pueblo sin piernas, pero que camina”. 

Para mejor o para peor, en este lado del charco, la pandemia puede cambiar las reglas del juego y, las puede cambiar para siempre.

Joaquín Díaz de Bedoya

Asesor de Comunicación política y empresarial, colaborador de MUNDER y MOBINU.

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